COLOMBIA CAFETERA
COLOMBIA CAFETERA
Diego Monsalve
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LEIDO. ESTADO: 10/10.
Esta edición viene acompañada por un excelente prólogo escrito por el economista Diego Pizano, gran conocedor del sector cafetero en Colombia.
La reimpresión del libro hace parte del Archivo de la Economía Nacional,Colección Bicentenario. Esta última colección es un proyecto de la Gerencia General del Banco de la República que inició en 2010 para conmemorar el bicentenario de la independencia de Colombia, y cuyo objetivo es escoger una serie de obras relevantes sobre la economía colombiana que hayan sido escritas durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX, para ser reeditadas y reimpresas por el Emisor. En su momento, el gerente general, José Darío Uribe, designó un comité editorial de la colección, conformado por Malcolm Deas, Roberto Junguito, Adolfo Meisel, Jorge Orlando Melo, Diego Pizano, María Teresa Ramírez y Miguel Urrutia, para una selección cuidadosa de las obras.
Cabe resaltar que todos los libros que se escogen cuentan con un prólogo de un académico reconocido, experto en el tema, donde se contextualiza la importancia de la obra. De esta manera, el Banco continúa con la tradición de publicar obras de gran utilidad para la historia económica de Colombia.
Como lo menciona el Doctor Pizano en su prólogo, el comité editorial de la colección recomendó la edición de Colombia cafetera, debido a que consideró que la obra era un aporte muy importante para entender la historia económica de Colombia de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Además, por el rigor del análisis y los datos que presenta, se ha constituido como fuente imprescindible para los investigadores económicos que analizan este período de nuestra historia. Yo mismo tuve la oportunidad de trabajarlo y de disfrutar su lectura para las investigaciones que hice sobre la industrialización de Colombia hace ya unos buenos años.
A pesar de su importancia, desde hace bastante tiempo la obra no se consigue en las librerías, por lo que esta edición es un importante aporte a la comunidad académica interesada en estos temas y, sin duda, será aprovechada por las nuevas generaciones de historiadores que ahora pueden consultar un libro fundamental que no era fácil de obtener.
Además, ponemos a disposición una versión electrónica del libro.
Sirva esta oportunidad para una breve reseña sobre el autor, Diego Monsalve. Cuando leí su perfil en el prólogo de Diego Pizano me llamó la atención su carrera política. Fue senador de la República y diputado a la Asamblea, entre otras dignidades, lo que muestra una vocación pública que mezcló con cargos técnicos, iniciativas académicas y preocupaciones intelectuales muy diversas. Fue a todas luces una persona muy activa en diferentes campos, además de la ingeniería de minas, su primera profesión.
Esa última fue una formación que compartió una generación de dirigentes que se destacó no solo en el campo de la ingeniería, sino también en el de la administración privada y pública, del desarrollo de la estadística y de la economía, con presencia en altos cargos en el Estado colombiano. Desde sus años como estudiante, este antioqueño, nacido en la década de los ochenta del siglo XIX, se interesó por el estudio de la agricultura, y entre
1911 y 1914 fue profesor de agricultura y de ciencias naturales en la Universidad y la Escuela Normal de Popayán. De esta manera se entiende por qué Monsalve rápidamente fue relacionándose con el sector cafetero.
En 1920 fue secretario del primer Congreso Nacional de Cafeteros, y entre 1930 y 1932 fue jefe del servicio técnico de la Federación Nacional de Cafeteros. Esta entidad se fundó, precisamente, hace noventa años, fecha que coincidió con la publicación de la obra de Monsalve, Colombia cafetera, en una edición bellamente impresa.
Muchos han coincidido en señalar que Colombia cafetera recoge el optimismo de una época. Fue escrito en medio de un auge económico sin precedentes, cuando la producción del grano se estaba expandiendo de forma importante, en medio de transformaciones institucionales muy significativas. El rápido crecimiento económico de los años veinte se explica principalmente por el crecimiento de las exportaciones, en especial las de café, la inserción al mercado de capitales internacionales, y los importantes avances en el desarrollo de la infraestructura del transporte. Entre 1920 y 1929 el PIB per anual per cápita creció más de 4%, y las exportaciones anuales per cápita más de 7%. Para finales de la década de los veinte las exportaciones de café ya representaban más del 65% de las totales. La rápida expansión de las ventas externas del grano estuvo impulsada por los altos precios en los mercados internacionales.
Estas transformaciones estuvieron acompañadas por cambios institucionales significativos, tales como el establecimiento de un banco central, la adopción del patrón oro, la emisión de una nueva ley bancaria, la creación de una agencia de supervisión bancaria, y de una entidad que auditara los gastos del gobierno y de la Federación Nacional de Cafeteros.
Esta renovación institucional allanó el camino para la llegada de los préstamos externos, tanto al sector público como al privado, lo que dinamizó enormemente la economía.
En su libro, mediante un trabajo verdaderamente titánico, Diego Monsalve realiza lo que podríamos llamar el primer censo cafetero del país: describe con gran detalle la economía cafetera, enumerando los cafetales, el número de fincas y sus propietarios, municipio por municipio. También nos
ofrece información detallada sobre el número de despulpadoras y trilladoras, y sobre la producción y las exportaciones cafeteras por departamento. Para cada ente territorial vinculado al café realiza una monografía elaborada, y cuenta, por ejemplo, quiénes fueron los comerciantes y transportadores que llevaban el café a los puertos y a los mercados internacionales. Este detallado censo, es sin duda el principal aporte de Monsalve. A pesar de su ingente pesquisa, el autor no se conforma solamente con brindarnos una descripción pormenorizada del sector cafetero, sino que también provee información muy valiosa de otros sectores de la economía colombiana: la educación, la salud, la banca, la minería, la agricultura, la industria, el comercio y el transporte. Monsalve también analiza la situación fiscal, el sistema político y administrativo del país, su historia, geografía, geología y demografía. En su análisis se remonta incluso a tiempos prehistóricos, y nos recuerda cómo vivían los pobladores mucho antes de la llegada de Colón.
Quisiera hacer algunas reflexiones que surgen al repasar las páginas del libro de Monsalve. Lo primero, es reconocer los cambios que ha tenido la actividad desde que se publicó el libro. ¡Han pasado más de noventa años desde entonces! La economía cafetera que presentó la visión del libro ha cambiado de manera sustancial. Es apropiado decir que durante buena parte del siglo XX el café conservó un papel fundamental en la economía
colombiana, el cual ya había destacado Monsalve. La economía cafetera contribuyó a la expansión de la frontera agrícola, al desarrollo del mercado interno y al desarrollo industrial del país. Desde el punto de vista macroeconómico, el manejo financiero del Fondo del Café fue en muchas ocasiones el eje de la estabilización macroeconómica, y el arreglo institucional que lo definía funcionaba adecuadamente.
En 1989 el comercio del café cambió con la ruptura del Pacto: el sistema de cuotas cedió su espacio a una competencia más abierta, frente a la cual el producto colombiano se ha venido adaptando poco a poco y con dificultades. Por ello, entre otras razones internas y externas, la participación de las exportaciones colombianas en el mercado internacional del grano pasó de 18% a comienzos de los años noventa amenos de 10% en 2013.
Las condiciones del mercado mundial del café han cambiado de manera importante, sobre todo desde los noventas. Se ha incrementado el nivel y la volatilidad de los precios, ha crecido el consumo de la variedad robusta frente a la arábiga, propia de nuestra nación, y se ha consolidado un mercado de cafés especiales que hoy representan cerca del 20% de la demanda mundial. No se duda que nuestro café sigue siendo uno de los productos agrícolas exportables más importantes de Colombia, más aún si se considera su papel como motor social en zonas como Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, Cauca y Nariño, entre otras, en donde genera más del 30% del empleo rural. Pero esas virtudes de las que hoy goza la producción cafetera se pueden erosionar si no modernizamos la actividad y las instituciones a la gran velocidad con que lo hacen los países más dinámicos como Vietnam o Brasil. Un aspecto esencial es incrementar la productividad y reducir los costos de producción a la misma velocidad que lo hacen esos rivales eficientes.
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Quiero terminar resaltando la riqueza editorial de la obra. Diego Monsalve lideró un gran proyecto para su época: quiso que el libro se publicara en Barcelona y se preocupó mucho por la calidad del papel, por su composición gráfica y por toda la parte final de la producción. El resultado es un libro de gran formato con una tipografía magnífica y una gran riqueza en las ilustraciones y en los mapas a tinta y a color. Cada capítulo está acompañado de información estadística muy útil y valiosa, consignada en gráficos y cuadros bien diseñados. La edición del libro que presentamos hoy y ponemos al alcance de la comunidad académica, sin duda seguirá siendo una referencia obligada para muchos, y en especial para los estudiosos de la historia económica del país. Finalmente, quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer a cada uno de los 25 nietos y 2 bisnietos de Diego Monsalve, quienes amablemente nos permitieron reeditar la magnífica obra que hoy presentamos. Tiene que ser un motivo de orgullo para ellos y un gran legado para la historia económica del país.
JUAN JOSÉ ECHAVARRIA
